Querétaro se ha transformado en el epicentro de la infraestructura digital en México, concentrando aproximadamente el 79% de la capacidad instalada de centros de datos en el país. Empresas globales como Amazon Web Services (AWS), Microsoft, Google y Oracle han invertido miles de millones de dólares en la entidad, buscando convertir al estado en un 'Valle de los Data Centers'.
Sin embargo, este crecimiento tecnológico contrasta con la realidad de las comunidades locales, especialmente en municipios como Colón. A pesar de las promesas de desarrollo, existe una brecha significativa en el acceso a los beneficios. Los empleos permanentes generados por estas instalaciones suelen ser pocos en comparación con las proyecciones oficiales, y la mayoría requieren una alta especialización técnica que la población local, con bajos índices de escolaridad, no posee.
Uno de los puntos más críticos es el impacto ambiental, particularmente el consumo de agua y energía. Los centros de datos requieren sistemas de enfriamiento masivos en una región donde ocho de los once acuíferos ya presentan sobreexplotación. A esto se suma una falta de transparencia gubernamental y corporativa sobre el consumo hídrico real y los permisos ambientales otorgados.
Además, el proceso de industrialización ha impulsado el acaparamiento de tierras ejidales, desplazando a agricultores y transformando el paisaje rural en naves industriales. Mientras el gobierno estatal presume el poder que otorga alojar la información de México, los habitantes de comunidades como La Pila y Viborillas denuncian que la infraestructura moderna no se traduce en mejores servicios públicos, salud o educación para la población local.